En Irán, numerosos presos políticos, en particular kurdos, liberados tras las manifestaciones «Mujer, Vida, Libertad» y las protestas de enero de 2026, mueren en circunstancias sospechosas o se suicidan poco después de salir de prisión. El acoso continuo, la vigilancia, la precariedad económica y las secuelas de las torturas o los tratos forzados sumen a los antiguos detenidos, especialmente a los jóvenes y adolescentes, en una profunda desesperación. Este patrón recurrente, documentado desde hace décadas, plantea graves interrogantes sobre un