Durante el primer siglo de su existencia, hasta la década de los ochenta, más de la mitad de los presupuestos de las universidades públicas provenía de los gobiernos estatales –que, a cambio, también nombraban a la mayoría de las juntas directivas–. Desde los noventa, sin embargo, la financiación estatal de la educación superior ha sufrido varias rondas de recortes draconianos. Hoy, en muchos casos, el dinero público representa menos de una quinta parte del presupuesto. (Para la Universidad de Indiana, por ejemplo, apenas llega a un 12 %.)