Soy testigo (a mi pesar) de tus miserias, de tus errores y de las prosaicas servidumbres que dan los años juntos en la misma casa. Tú también eres mi testigo. Alguna vez recordamos cuando creíamos o queríamos creer que el otro no tenía mácula, aliento agrio, pelos en partes extrañas, olores y ruidos impropios del amor. Es a la vez penoso y tranquilizador que ya no nos asalte la furia amorosa de hace no tantos años, que compensamos con satisfactorios ratos en los que no ocurre nada. Pero a veces, como hoy en este día...
1 : "No te muevas, por favor." En la misma situación de vulnerabilidad, necesidad, ensimismamiento y satisfacción por todo lo vivido y por todo lo que nos quedaba por vivir, yo le dije a la...