Nacho ya ha sido juzgado y clasificado, trabaja de chico de compañía en una zona acomodada de la ciudad; los mismos que pagan por sus caricias son los que lo juzgan cada día, cada noche. Su vida es repetitiva y pequeña, siempre las mismas caras pero diferentes. Nacho conserva sus sueños de libertad, algún día, cuando pague la hipoteca. A veces rememora la historia de abusos, violencia, golpes y vejaciones de todo tipo. Nacho se evade todas las mañanas, al terminar sus trabajos, con un largo paseo por los puentes de la …