‒ Ven, por aquí. ‒ ¿Seguro? Ayer dimos vueltas dos horas. Casi a tientas, Quen deslizó un panel descubriendo un hueco estrecho. ‒ Lo ves... ¡Rápido! Los dos chiquillos se escabulleron como gatos hacia el otro extremo. Cuando sus ojos se adaptaron a la fuerte luz, liberaron una sonrisa almibarada. ‒ ¡Mira eso Xia! Sin perder tiempo, ensacaron todo lo que alcanzaban sus manos. ‒ ¡Patatas! ‒ ¡Y zanahorias! Como cortando sus risas con un cuchillo, un …