El espíritu de Magariños es historia, intentar resucitar un muerto como aquel es la peor de las ideas. Como se puede leer en un reciente editorial de Diario Red, "cada minuto que la izquierda dedica a hablar de sí misma, de sus coaliciones, de sus marcas, de sus confluencias, de sus frentes amplios, de sus procesos de escucha, es un minuto que la izquierda no dedica a hablar de la vivienda, de la inflación, de la precariedad laboral, del deterioro de los servicios públicos o de la injusta distribución de la riqueza.