Nuestros gustos y deseos más íntimos ya no nos pertenecen. Son creados, moldeados y retroalimentados por vastas redes de máquinas interconectadas, comúnmente conocidas con el eufemismo amable de “la nube”. Esta no es una metáfora. Es una arquitectura de poder. La nube ha creado un ciclo de retroalimentación perfecto y asfixiante: nosotros, con cada clic, cada like, cada búsqueda, entrenamos al algoritmo para que encuentre lo que cree que nos gusta, y luego, de manera insidiosa, ese mismo algoritmo nos entrena a nosotros para que...