Eulalia Reguant, la carismática dirigente de la CUP, la mujer que mesmerizaba al espectador de TV3 con su impresionante colección de tics (había que elegir entre el espectáculo multimedia y enterarse de lo que decía; por eso, fascinado por la experiencia visual, nunca supe de qué me estaba hablando), se nos ha hecho mayor y, como diría Raphael, ha pasado de la niñez a los asuntos. Ya no es tiempo ni edad de quimeras, por bonita que fuese esa independencia de Cataluña con la que soñaba la CUP, sino de comportarse como una adulta e integrarse