El arte cinematográfico es, de largo, el más complejo de todos ellos. Aúna —y no de una manera cuantitativa— un gran número de las bellas artes (música, literatura, pintura, arquitectura) y algunas (mal) consideradas menores (fotografía, diseño gráfico). El secreto, claro está, es saber maridar todas ellas en un grumo con intenso sabor que contenga lo máximo que se le puede pedir a una película: fondo y forma, historia y emoción. El cine. Un arte para gobernarlos a todos.