Después de muchos complejos y parches, las dos vimos que aquello no tenía solución. Y un día, viendo en un documental que Sean Connery se había quedado tan mondo como yo a la misma edad y que siempre usó peluquín para encarnar a James Bond, me dije “pues oye, si él pudo volar, nadar, enfrentarse a Spectra y ser uno de los hombres más atractivos de todo un siglo usando bisoñé, no veo por qué yo no voy a poder usar peluca para una vida tan sencilla como la que llevo, que en lugar de en Ashton Martin, sólo monto en autobús”