Viajar a Marruecos no es solo cambiar de país, es entrar en un universo cultural propio donde África, el mundo árabe, la tradición bereber y la herencia andalusí conviven de forma natural. Esa mezcla es precisamente lo que convierte al país en un destino tan fascinante. No se trata únicamente de paisajes, desiertos o monumentos, sino de una forma de vivir, de relacionarse y de entender el día a día que sorprende al viajero desde el primer momento.