En el lúgubre vestíbulo del hospital hay camillas amontonadas, una de ellas con sangre coagulada. El militar a cargo de la sala de urgencias se llama Dima, viste de civil y lleva una pistola de 9mm al cinto. Según indica, se trata del “hospital más cercano a la línea de fuego. Cualquier herido, sea civil o militar es atendido aquí”. Quitándose unos guantes de látex y con una tijera de primeros auxilios colgada del pecho, aparece Sasha, el cirujano que opera a los soldados que están en el quirófano. Con un nivel de estrés bien visible en su rost