Unos pocos ganan lo que la gran mayoría perdemos

En Telegram, un internauta comenta que quedan pocos occidentales que viajan a la Federación Rusa de forma regular. Ya no es tan fácil como antes y ahora se ha vuelto más difícil. La tarjeta SIM de Megafon ha sido cancelada por las autoridades rusas. Él cuenta que sin tarjetas SIM, las cosas más básicas pueden dejar de funcionar. En Rusia, la tarjeta SIM no solo sirve para comunicarse telefónicamente, sino que además es necesaria para realizar cualquier operación bancaria, la cual requiere autenticación; por ello, la tarjeta SIM del teléfono móvil se vuelve imprescindible.

Con medidas como esta, las autoridades rusas han bloqueado de facto las cuentas bancarias en Rusia de ciudadanos de países occidentales que viven fuera de Rusia, solo porque sus gobiernos y la UE son hostiles a la Federación Rusa desde hace años. El internauta confiesa que tenía dos cuentas bancarias en Rusia que iba renovando, pero hace unos meses se bloquearon las transferencias desde esas cuentas bancarias rusas dirigidas a extranjeros residentes en países de Europa occidental, y ahora se suma el bloqueo de las tarjetas SIM.

No es una medida inteligente, pues no va a afectar a los críticos furibundos del gobierno ruso que viven en Occidente y tampoco a los líderes occidentales que se jactan una y otra vez de imponer sanciones económicas a Rusia. Es una medida desacertada; pués perjudica a los ciudadanos occidentales que sí viajan y permanecen durante temporadas en la Federación Rusa, que intentan mantener vínculos con este país a pesar de las críticas y de la realidad distorsionada que la mayoría de los medios occidentales se empeñan en mostrar sobre Rusia.

Pero el gobierno ruso no es el único culpable de que Rusia se parezca un poco más a Corea del Norte. La élite occidental ha conseguido que un país que se esforzaba en mantener acuerdos comerciales, que era más receptivo al estilo de vida occidental, ahora se haya vuelto más conservador y nacionalista que antaño, y menos tolerante con todo lo que huela a Occidente (LGTBI+ incluido). Por cierto, Europa Occidental también va camino de convertirse en otra Corea del Norte a su manera.

Esta política errática del gobierno ruso hace el juego a sus enemigos políticos, pero no se podría entender sin anécdotas como la que contó una mujer rusa en una cadena de televisión de su país, cuando intentó comprar artículos de marcas de lujo en Italia y los dependientes de la tienda le confesaban que no podían vendérselos a ella por el mero hecho de ser rusa; ni siquiera su marido (que no era ruso) pudo comprar esos artículos, pues seguían una serie de directrices que venían de “arriba”.

Habrá algunos que se alegren al leer esto, como también se alegran de la derrota de Orbán en Hungría. Para ellos, una Europa unida que camina hacia la rusofobia extrema sin obstáculos representa una demostración de fuerza y cohesión entre los países miembros de esa entelequia dictatorial que, según su visión, es la Unión Europea de Ursula von der Leyen y Kaja Kallas. En realidad, es allanar el camino hacia una Tercera Guerra Mundial. Unos pocos ganan lo que la gran mayoría perdemos.