as Fallas de València vuelven a situar en el centro del debate la convivencia entre la actividad festiva y la vida cotidiana en el centro, agravada por el turismo de borrachera, una realidad que cada año es más evidente. Comerciantes y vecinos denuncian un modelo que, a su juicio, ha derivado en una ocupación descontrolada del espacio público, con especial impacto de las verbenas, las churrerías y otros puestos instalados por las mismas fallas, o independientes, sin el debido control. "El bando municipal de las fallas es una vergüenza, porque a