Pero combatir esta forma de entender tanto la sexualidad como cualquier otro tipo de explotación del cuerpo y la fuerza de trabajo de las mujeres precarizadas, solo es posible si se tiene en cuenta que los verdaderos enemigos a batir son el patriarcado, que implica la subordinación de las mujeres a la voluntad y el capricho de los varones, y el sistema capitalista, que está basado en el abuso y la desigualdad. Poner, por tanto, el foco sobre las víctimas del sistema, acusar o señalar a las personas abusadas y explotadas es caer en la misma...