La tensión se mascaba en el ambiente: -¡El 21! Se escucharon maldiciones, lápices rascando los cartones al tachar (los afortunados), suspiros… -¡El 38! -¡Bingo! Miradas, más maldiciones, exabruptos, algún intento de componenda ("te lo cambio por 20 paquetes"), pero el afortunado no pensaba cambiar ese cartón premiado por nada. Levantó el cartón en alto y Frank, el responsable del sorteo, le hizo ademán para que se acercase a la mesa. -¡Felicidades a Gabe, el …