Llegaron con las manos vacías y los ojos llenos de ceniza. La antigua Venus, su obra maestra, yacía partida en el cielo como una nuez podrida. La habían perforado por dentro, drenado su núcleo para construir flotas estelares. Cuando la corteza se derrumbó, solo unos pocos escaparon a la Tierra en cápsulas de rescate. Perdieron los hornos de fusión. Perdieron los genes editados. Sus hijos olvidaron el lenguaje, luego el fuego. Ahora, miles de años después, sus descendientes viven en cavernas y temen a la luna. Pero lo que...