Las instrucciones eran claras: convertir al tipo más cretino y vomitivo del universo en presidente. Para ello, debíamos usar parámetros establecidos en innumerables pantallas. Sonreía si así lo decían las encuestas, aunque no sabía por qué. Nos ayudaban las neuronas espejo: cuanto más estúpido parecía, más personas sentían empatía por él. Lo miraban, como si se descubrieran a sí mismos. Estábamos cerca. Necesitábamos un pequeño empujón para ganar …
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