Paco álvarez nos invitó a dar un paseo por el lado oscuro de Roma, allí donde no llega la luz del Sol Invictus, allá donde viven los marginales: delincuentes, prostitutas, esclavos o los simplemente pobres. Es decir, casi la inmensa mayoría de la ciudadanía. Todo el mundo. No hay mosaicos, ni obras de arte, ni palacios, ni vino del bueno, ni libros de poemas o banquetes. El humor, a veces sardónico, a veces brutal, siempre canalla, es lo único que nos queda; lo único bueno es que podemos reírnos de todo.