Yo, hijo y nieto de militares y obreros militantes del Partido Comunista, creía que no existía la Seguridad del Estado, la policía secreta que sostiene al régimen cubano. Es una exageración, una leyenda, un mito, un cuento de los contrarrevolucionarios, pensaba. Hasta que me gradué de Periodismo en la Universidad de La Habana y quise ser periodista en un país donde por ley existe un único partido político que dirige todos los canales de televisión, todas las emisoras de radio, todas las revistas, todos los periódicos, el único marco legal...