La paliza al árbitro aleman Pascal Kaiser pretende ser más que una agresión homófoba. Es un mensaje para él y para todos los que somos como él. Nos están diciendo que deberíamos seguir en los márgenes, que hay espacios en los que no podemos estar, donde no podemos ser. Me dan asco los violentos, pero también me dan rabia los tibios, los que dicen que la sexualidad es algo privado. La que se sale de la norma, claro. ¿Cuántas pedidas de mano heterosexuales y públicas hemos visto que no han acabado en paliza?