En Islandia, el agua surge del corazón mismo de la tierra. Entre glaciares, volcanes y cañones, sus géiser y cascadas se despliegan como escenarios donde la fuerza y la belleza se encuentran en cada rincón. Los enormes glaciares de la isla generan caudalosos ríos en los que se forman multitud de cascadas. Algunas caen en cortinas ligeras; otras golpean con potencia. Unas destacan por su volumen, otras por la geología que las rodea, pero ninguna deja indiferente.