El problema no es solo lo que ha ocurrido en Jerusalén. El problema es cómo se utiliza la religión en Europa y, en particular, en España. Vox ha construido buena parte de su discurso sobre la defensa de las raíces cristianas frente a un supuesto enemigo cultural. Pero cuando esa defensa implica cuestionar a un aliado político, desaparece.La relación entre Vox y el Gobierno de Benjamin Netanyahu no es coyuntural. Se ha escenificado públicamente, como en el encuentro de 2024 entre Santiago Abascal y el primer ministro israelí