Cuando el presidente anunció la conquista de Groenlandia, nadie lo contradijo. Así que sus asesores idearon algo más barato que una guerra: simular la victoria. La economía no daba ni para alquilar Disneylandia. Apenas consiguieron nieve artificial, unas vallas torcidas y un cartel improvisado: Presidentland. —No va a funcionar. —¿Tienes una idea mejor? —Claro que no. Esta era mi idea, pero esto es muy burdo. La Bestia llegó puntual. Dos agentes del servicio secreto ayudaron al presidente a …