De entrada, convendría empezar por lo básico, hacer memoria y recordar que durante la dictadura no hubo elecciones libres, ni libertad de prensa, ni de expresión, ni de asociación. La censura era estructural y la represión, sistemática. Miles de personas fueron encarceladas, ejecutadas o empujadas al exilio. Defender que durante la dictadura se vivía mejor exige, como mínimo, aceptar que vivir sin derechos fundamentales puede ser compatible con el bienestar, una premisa difícil de sostener en cualquier democracia.