A primera vista, podría parecer una galaxia lejana captada por un telescopio espacial; sin embargo, lo que observamos es un ojo. El del pez lord irlandés rojo (Hemilepidotus hemilepidotus), retratado en un primerísimo plano que revela un universo de pigmentos y reflejos. Los cromatóforos corneales —esas diminutas estructuras cargadas de color— se despliegan sobre la superficie del ojo como si fueran nebulosas, difuminando la frontera entre lo microscópico y lo cósmico. Y es que la naturaleza insiste, una vez más, en jugar con nuestra percepción