Esa moral de Trump no es una anomalía, sino un espejo deformante de la época que padecemos. Un espejo que exagera rasgos ya presentes, la mercantilización de la subjetividad, la banalización de la política, la reducción del otro a objeto. Romper ese espejo no basta; hay que desmontar la fábrica que lo produce. Recuperar el límite no como censura sino como condición de lo común, reintroducir la ética como práctica colectiva y no como eslogan, reconstruir una semiótica de la dignidad frente a la semiótica del ego.
2 : Ese ego sin límites se presenta, paradójicamente, como fortaleza. Trump convierte la carencia de autocrítica en virtud, la ignorancia en autenticidad, la mentira en estrategia. Aquí la moral...