Póstumo leyó el obituario sentado sobre la fría y sucia acera, su actual hogar. Su misteriosa desaparición, avivada por una críptica nota de suicidio, logró lo que nueve prometedoras novelas no pudieron: convertirlo en una celebridad. Frente a él, su rostro aseado protagonizaba el escaparate de una conocida librería. Mucha gente paraba, conmovida por el genio perdido, y salía con algún ejemplar bajo el brazo. Observar aquel trajín le alegraba el día. Alguna vez pensó en "resucitar", pero …