La pieza, hallada en 1936 por John Pendlebury, está en mal estado, muy fragmentada, pero se aprecian dos escenas. En la primera, un infante egipcio caído está a punto de ser degollado por un libio mientras arqueros también libios -piel pálida, capa larga, tatuajes y sin faldellín- acuden corriendo. En la segunda se ven soldados egipcios, pero ataviados de forma poco habitual, al estilo micénico. Representa una derrota militar, algo insólito en el arte egipcio.