John Singer Sargent, aún en los inicios de su carrera y cautivado por la extrema belleza de la dama, le preguntó si podía pintar su retrato. Realizó varios bocetos y la obra final se presentó en el Salón de París de 1884, donde Sargent esperaba que impulsara su carrera. Sin embargo, provocó un escándalo. La crítica y el público se sintieron ofendidos por las grandes extensiones de piel al natural y de un tono de piel muy pálido y, sobre todo, por el tirante caído; Sargent había pintado el tirante derecho del vestido como si se le hubiera resb