No era esto la promesita nova mondo que esperábamos cuando conseguimos que se enseñara esperanto en el colegio, en distintos paises. Evidentemente, no éramos tan ingenuos como para pensar que con la comprensión mutua, en unos años se acabarían las guerras, como decían algunos idealistas; pero sí teníamos la vaga esperanza de que al mejorar la comunicación, al menos disminuyera el odio entre pueblos y paises... Y al principio funcionó, mientras eran niños, pero cuando esos niños crecieron...