Felipe II, poco antes de su muerte en 1598, y ante la petición de primer Arzobispo de Manila, organizó un referéndum en Filipinas para preguntar a sus habitantes si estaban cómodos perteneciendo a la Corona española y si querían seguir perteneciendo a ella. Fue un referéndum vinculante, es decir, Felipe II estaba dispuesto a abandonar el territorio si sus habitantes votaban en contra. Lógicamente, aquella pregunta no se realizó a cada uno de los habitantes de Filipinas sino que se preguntó a cada uno de los caciques o sultanes.