Este abril hará dos años que celebré mi cuadragésimo cumpleaños en la terraza de atrás. Lucía el sol y fuera hacía el calor suficiente para que, si todos mis amigos llevaban chalecos de plumas y Lucy, mi mujer, sacaba unas cuantas mantas, pudiéramos fingir que hacía más calor del que en realidad hacía. (En abril, básicamente ya estás desesperado por tener algo de calor y luz). Éramos ocho, todos más o menos de la misma edad, además de unos pocos niños,...