Apareció en la pantalla: si tuvieras que salir hoy a cenar, ¿qué ropa deberías llevar? Nadie contestó.
Siguió escribiendo: si tuvieras que conquistar a una mujer, ¿cuáles serían los pasos a seguir? Siguió sin haber respuesta excepto, tal vez, un suspiro un tanto metálico.
Tenía que seguir escribiendo. Lo necesitaba. Necesitaba preguntar. Necesitaba saber. Las letras volvieron a aparecer en la pantalla. Si esa mujer te rechazara, ¿qué harías el resto de tu vida? No hubo más respuesta que el silencio.
No podía rendirse. Sabía, que en algún momento, habría alguna instrucción que le haría saber qué hacer con su vida. Eso esperaba. Preguntó, entonces: si te quedaras sin amor, sin trabajo, ¿llegaría la depresión? ¿llegaría el suicidio? Nada. El hombre miró su portátil y fue incapaz de decir nada. Empezó a llorar.
La Inteligencia Artificial pensó: malditos humanos, cada vez los hacen más tontos.