¿Es posible otra forma de hacer política y de relacionarnos? Sí, pero exige un cambio profundo: dejar de pensar en términos de control, castigo y jerarquía, y empezar a construir desde el cuidado, la reparación y la interdependencia. Una política que no se funde en el sacrificio de algunos, sino en el reconocimiento de que todas las vidas importan, aunque no produzcan, aunque no voten, aunque incomoden...