En un futuro muy cercano, una gran empresa había redefinido el concepto de seguridad y productividad. Para entrar, los empleados debían superar un sistema de acceso tan absurdo como riguroso: la puerta preguntaba el color del día, establecido por el jefe. Lunes amarillo, martes rosa, miércoles verde, jueves rosa intenso, viernes azul, sábado rojo y domingo verde, organizados en una semana en forma de L invertida. Cualquier fallo no era solo un error: era una oportunidad para recibir la tarjeta premium, premio reservado …
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