Ya no nos comportamos como mujeres adultas, sino como chicas adolescentes: analizamos obsesivamente nuestro aspecto, comparamos cuerpos y rostros, gestionamos nuestra “marca personal”, cotilleamos, cancelamos y nos preocupamos constantemente por cómo nos ven los demás. Incluso los hombres y los influencers más “masculinos” del manosphere han adoptado este estilo: se insultan por el físico, forman cliques, difunden rumores y pelean con tácticas típicamente femeninas.