Para el filósofo francés, el fascismo nunca fue solo una ideología o un régimen. Es, ante todo, una forma de deseo: el deseo de obedecer, de purificar, de cerrar, de simplificar lo complejo. Cuando se habla del auge contemporáneo del fascismo y del totalitarismo —de Estados Unidos a Europa, de América Latina a la India— tendemos a imaginar un retorno del pasado: el eco de los años treinta, la resurrección de los viejos nacionalismos, el autoritarismo de masas ondeando banderas identitarias.
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