Dos factores generan el cuello de botella energético: la lentitud en la concesión de permisos y la escasa retribución en opinión del sector. Como consecuencia, se pierden cientos de gigavatios de energía limpia y asequible. Los permisos para la red eléctrica pueden tardar diez años, y en las renovables, hasta nueve. Incluso los refuerzos simples de media tensión llevan hasta tres años, y los proyectos de alta tensión, entre ocho y diez. Mientras tanto, la UE bate récords en el despliegue de energías renovables, con 89 gigavatios (GW)