Según prevé el Ejecutivo europeo, la mayor parte del préstamo, 60.000 millones de euros, irá dirigido a gasto militar; los 30.000 millones restantes están destinados a ayuda civil, según un documento al que ha tenido acceso EL PAÍS. La letra pequeña es lo más interesante, y va a provocar una mueca de disgusto en Washington: Kiev debe destinar el gasto en defensa a producir su propio armamento o a compras en las fábricas europeas; solo podrá acudir a terceros países, como Estados Unidos, cuando justifique que no puede encontrar armas parecidas.