Donald Trump, el Trump de los aranceles a golpe de titular, el de las sanciones como castigo instantáneo, el de la diplomacia convertida en reality, parece haber encontrado su versión moderna del “¡Que le corten la cabeza!”. Solo que, en vez de cabezas rodando, ruedan porcentajes, tarifas y listas negras; sí, listas negras en las que España acaba de entrar junto con Canadá y México. La lógica es parecida: una orden desmesurada, pronunciada con la seguridad de quien cree que el mundo se arregla con un grito, y después… el silencio administrativo