Aeropuertos cerrados. Rascacielos en llamas. Hoteles destrozados. La ofensiva militar iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero está dejando estampas inéditas en el golfo Pérsico. Lugares que presumían de ser un oasis de estabilidad, como Doha y Dubái, son ahora escenario de una guerra de consecuencias imprevisibles.
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Que simpáticos lugares con los armarios llenos de cadáveres. Por mí que les den. Cero pena a una gente que tiene trabajadores en condiciones de casi esclavitud y que son un ejemplo de despilfarro ecológico a lo bestia.
A alguno esto se le está yendo de las manos, porque una cosa es bombardear y otra es aprovechar para tomar a la gente por gilipollas.