Con el paso de los años, es normal notar que nuestro sueño cambia. Dormimos menos horas, nos despertamos más durante la noche y nos cuesta más conciliar el sueño. De hecho, existe una idea generalizada de que las personas mayores necesitan menos descanso nocturno. Sin embargo, la evidencia científica sugiere que el problema no es una menor necesidad, sino una menor capacidad para generar un sueño profundo y continuo. El cerebro envejecido continúa necesitando descansar, pero le cuesta más hacerlo bien. Sigue “durmiendo”.