Los únicos cadáveres frescos eran los de los niños. Demasiado pequeños para el implante, muchos habían muerto abrazados a los cuerpos de sus padres. Neuralink era ya universal. El chip en el cerebro, internet en la conciencia. Silicio y carne, conectividad total. El inevitable virus destruyó en un milisegundo aquella red hecha de bits y neuronas. Los niños de los capitalistas quedaron huérfanos pero, en el Norte, el Amado Líder nos mantuvo vivos involuntariamente, pues tal herramienta de libertad era …