o son tiempos sencillos para las izquierdas. En dónde aún gobiernan, ya desde hace años, o en alternancia con las derechas, la sensación es más o menos la misma: la de que nada cambia sustantivamente. No es casual que en muchos casos ya ni se proclamen como tales y hayan mudado el nombre por el más amable de progresismo, transformación que incluye cambios en el lenguaje, en su simbología, y más profundamente, en sus ideas y prácticas. Hay, aunque no se tenga el coraje para decirlo con todas las letras, un “estado de situación” que...