Ese mismo olor que impregna el aura de los Bertín Osborne, Ábalos, Luis Rubiales y tantos dinosaurios que sudan vinagre. Es un olor muy característico que no siempre se capta por la nariz, sino en cómo habla, cómo se mueve o incluso cómo mira. Si eres mujer tienes más herramientas para olerlo porque llevas años entrenando el radar: no por intuición mística, sino por experiencia acumulada. Es el olor del poder mal digerido, del privilegio incuestionado, de quien confunde fama con derecho y admiración …
|
etiquetas: artículo