Menéame no es un simple agregador de enlaces: su éxito se esconde detrás de un algoritmo diseñado para filtrar información, condicionar el comportamiento de sus usuarios y alimentar “la Portada”.
El Karma de un usuario: el sistema de crédito social
El corazón del algoritmo es el Karma, un valor numérico asignado a cada usuario (del 0 al 20). Este número determina el “peso” del voto de un usuario.
En función de su actividad, antigüedad y trayectoria dentro de la plataforma, un usuario tendrá más o menos Karma.
El voto negativo
A diferencia de otras redes, Menéame otorga a sus usuarios una “espada”: el voto negativo. Si una noticia o comentario recibe suficientes votos negativos —por “cansina”, “spam” o “irrelevante”— el algoritmo reduce la posibilidad de llegar a Portada.
La gamificación de la atención
El algoritmo de Menéame premia la velocidad y la interacción constante. Para que una noticia llegue a la codiciada “Portada”, necesita lograr votos en un corto periodo de tiempo.
Dopamina y adicción a la validación social
El algoritmo de Menéame está diseñado para explotar los circuitos de recompensa del cerebro humano. La estructura de votos (positivos y negativos) y las notificaciones en tiempo real generan un refuerzo de dopamina constante.
El subidón de la Portada
Llegar a la página principal produce una gratificación inmediata: un aumento de Karma que convierte la participación en una búsqueda de validación externa más que en un intercambio honesto de ideas.
La ludopatía del karma
Al observar cómo el número de karma sube o baja tras cada interacción, el usuario entra en un bucle de refuerzo variable similar al de las máquinas tragaperras. El miedo a perder estatus numérico acaba condicionando qué se dice, cómo se dice y, sobre todo, qué se calla.
Quizá por eso el Nótame es lo más parecido a una conversación: ahí el contenido aparece simplemente por orden cronológico, escrito directamente por los usuarios.

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