El comercio de materias primas y bienes manufacturados en la antigua Europa céltica era palpitante y extenso, en particular en el centro del continente, donde existía una encrucijada de rutas comerciales bien establecidas. A medida que el territorio de los celtas se expandía, sus redes de intercambio incluían a otras culturas mediterráneas como la griega, la etrusca, la romana, la ibérica y la de Britania. Las mercancías que de manera típica canjeaban los celtas eran sal, esclavos, hierro, oro y pieles, para adquirir mediante trueque vinos, ámbar, bronces finos y vasijas de barro, así como materiales escasos como el marfil, el coral y el vidrio coloreado, los cuales incorporaban en sus manufacturas.