Madrid, 1985. Toda la ciudad (y todo el país) está inundado por la Movida y sus grupos de pop refrescantes y vanguardistas. ¿Toda? No, una numerosa tribu se mueve a contracorriente y ajena al interés mediático, ávida de rock y heavy metal, que empieza a ofrecer sus mejores frutos. Son mucho más numerosos que los nuevos modernos, y, para no pocos analistas de aquel periodo, representaron la verdadera movida. Siguen a una larguísima lista de grupos nacionales (Leño, Ñu, Asfalto, Obús, Topo, Burning, Barón Rojo...) e internacionales (Mötorhead, AC