En estas circunstancias, resulta indignante el ruin pragmatismo de los gobiernos europeos, que asisten impávidos a la matanza de iranís indefensos sin reacción significativa digna de mención más allá de alguna débil condena ritual. Cuando un enemigo mortal atraviesa dificultades, como le sucede hoy al régimen de los ayatolás, la política lógica es incrementar al máximo la presión política y diplomática, endurecer las sanciones, aislar internacionalmente a Teherán y apoyar sin reservas a la alternativa organizada. Nada de esto se acomete...