[...] Mi experiencia de los años de Trump es decididamente extraña. Por un lado, vivo en un estado casi perpetuo de angustia y desdicha, mientras Trump y su ejército de chusmas, formado por nacionalistas cristianos y jugadores degenerados, llevan a cabo un programa de genocidio con regocijo. Pero, al mismo tiempo, vivo en un mundo en el que Trump está desmantelando (sin darse cuenta) muchos de los peores aspectos del antiguo orden en favor de algo decididamente mejor.