Entre las antiguas estaciones de Cabra y Lucena, en pleno corazón de Andalucía, se encuentra aún como testigo mudo de la historia de aquella vieja línea de ferrocarril que se cerró al transporte de viajeros y mercancías el 1 de enero de 1985, el viaducto El Alamedal, una joya de la ingeniería ferroviaria que marcó un antes y un después en la modernización del transporte en España. Con una longitud de 71,2 metros de luz y un solo tramo de rasante inferior, este puente, inaugurado a finales del siglo XIX, es mucho más que una infraestructura.