Se trata de una técnica sencilla, pero basada en principios biomecánicos claros, ya que esta forma de caminar «desplaza ligeramente el centro de gravedad hacia adelante, aumentando la estabilidad». Ponerla en práctica es tarea sencilla. En primer lugar, los especialistas aconsejan no llevar las manos en los bolsillos, «un gesto muy frecuente en invierno pero que compromete el equilibrio». Además, los pasos deben ser cortos, se debe evitar caminar de puntillas y, lo que es más importante, apoyar toda la planta del pie en cada paso.