Eran protestas previsibles. Eran integristas biologicistas. Apocalípticos y casi religiosos. Pero si ya teníamos implantes para ver, oir, movernos… la inmortalidad era sólo un paso más. Evidentemente accidentes y enfermedades aun nos podrían matar, pero los biologicistas aun protestaban. Para diferenciarlos, se barajaron varios nombres: Ciborgs, Inmortales... pero al final cuajó Tratados. Tras el accidente del tren, muchos heridos necesitaron un transplante o donaciones de sangre, que cada vez había menos. Por presiones de...