habían sido “regaladas” (quién podría negarse en aquel tiempo) a Carmen Polo, la mujer de Franco, en 1954. Las había trasladado a la residencia estival del Pazo de Meirás para decorar su jardín, que aún posee otras piezas igualmente expoliadas por la señora (...) la familia Franco, que siempre se han negado a llegar a un acuerdo por las buenas y han litigado a través de todas las instancias posibles, fueron obligados, por decisión judicial del Tribunal Supremo en 2025, a devolver las dos estatuas